¿Que es dispersión Urbana?
Se conoce como fragmentación
Urbana, al fenómeno de propagación de una ciudad y sus barrios hacia la tierra
rural en la periferia de una zona urbana. Los residentes de los barrios en
expansión tienden a vivir en casas unifamiliares y a desplazarse en automóvil
al trabajo. La baja densidad de población es un indicador de la dispersión.
Los planificadores urbanos hacen
hincapié en los aspectos cualitativos de la expansión como la falta de opciones
de transporte y la seguridad y tranquilidad de estos barrios. Sus detractores,
en cambio, tienden a centrarse en la cantidad real de la tierra que ha sido
urbanizada por la expansión.
El proceso de dispersión urbana
tiene, en general, connotaciones negativas debido a los perjuicios a la salud y
las cuestiones ambientales que crea la expansión. Los residentes de los
barrios en expansión tienden a emitir más contaminación por persona y sufren
más accidentes mortales de tráfico. La dispersión es controvertida, con
defensores que afirman que los consumidores prefieren la menor densidad de los
barrios y que la expansión no necesariamente aumenta el tráfico. La dispersión
también está vinculada con el aumento de la obesidad ya que caminar y montar
una bicicleta no son opciones viables para desplazarse hacia el centro de la
ciudad. La dispersión tiene un impacto negativo sobre la tierra y la cantidad
y calidad del agua y puede estar vinculado a una disminución del capital
social.
Dispersión Urbana en la Ciudad de Panamá
Se entiende por ciudad de Panamá el área urbanizada de los corregimientos que componen los distritos de Panamá, San Miguelito, Arraiján y La Chorrera.
Hacemos referencia al fenómeno del crecimiento expansivo y desordenado de la Ciudad de Panamá (y de toda la Región Metropolitana en general), indicando algunos de los rasgos que han influido en la génesis de este desorden: escasa acción reguladora de los entes supuestos a planificar la ciudad (Municipio y MIVIOT); falta de instrumentos de planificación y libertad de acción casi absoluta para los entes privados quienes han configurado una ciudad de acuerdo a sus propias visiones e intereses.
En Panamá, el crecimiento poblacional, según el censo del 2010, se estimó en 3,350,000 habitantes y para el 2025, la población será de más de cuatro millones en un área de solo 75,517 kilómetros cuadrados, lo que significará hacer un uso muy racional y estricto de los recursos naturales y económicos del país.
El mal de la ciudad de Panamá, no obstante,
no es exclusivo de ella. Este ha sido detectado, analizado y diagnosticado por
urbanistas de otras latitudes. El mismo es conocido como Dispersión urbana (Urban
sprawl), y el mismo se caracteriza por: una población que está ampliamente dispersa
en áreas de bajo desarrollo; la rígida separación de viviendas, comercios y
lugares de trabajo; una red vial caracterizada por grandes bloques y pobre
acceso; y una ausencia de centros de actividad bien definidos, tales como
cascos urbanos, y áreas centrales. La mayoría del resto de elementos asociados
con la dispersión urbana, como la falta de opciones de transporte, relativa
uniformidad de las opciones de vivienda o la dificultad de caminar, son
resultado de estas condiciones.

Las cifras macroeconómicas de Panamá nos hablan de un país que, en las últimas décadas, ha registrado una de las tasas de crecimiento más altas e impresionantes del continente. El espectacular auge de la industria de la construcción, acompañado del boom inmobiliario, ha convertido a la ciudad en una metrópolis de rascacielos, y, en apariencia, en una de las más modernas ciudades del área centroamericana. Quizás por eso el deterioro del ambiente y del hábitat popular, tanto en áreas centrales de la ciudad como en zonas periféricas y marginales, sean fenómenos que aún no se han visibilizado lo suficiente para que se los considere como problemáticos.
Existen dos reacciones que reclaman una atención especial y, por tanto, un mayor esclarecimiento:
• El crecimiento urbano rápido, pero anárquico y des-ordenado (territorialmente) del centro urbano de Panamá con respecto al resto de la mancha urbana y su impacto sobre la misma.
• El deterioro del hábitat y la vivienda, en áreas céntricas y periféricas, con especial incidencia sobre los sectores de más bajos ingresos.
Hay que decir que este crecimiento, pese a ser caótico y desordenado, se ha convertido en una especie de marca de fábrica del desarrollo nacional. Ya desde inicios del nuevo siglo, el mega crecimiento de la ciudad de Panamá fue asumido por el Estado y las élites empresariales como un macro proyecto de mercadeo, así como un indicador fuerte de desarrollo dentro de la óptica del marketing y de la calificación competitiva en términos de grado de inversión. Los regentes de la política de vivienda del país, desde entonces, se han dedicado, virtualmente, a reorientar sus funciones hacia la promoción del turismo inmobiliario (atracción de extranjeros mediante el esquema de los estímulos para la construcción de rascacielos, promoción en el extranjero de compradores de viviendas de alto costo, etc).
Tal es el caso que se vive en los sectores de Arraiján y Chorrera, hace 15 años estos sectores presentaban un crecimiento bajo, actualmente el sector presenta un crecimiento acelerado y una demanda de vivienda que incremente cada día.
A continuación muestro una comparación del sector de Arraiján, Vista Alegre.
En cierta manera, se hace difícil valorar el impacto profundo de la transformación urbana de la ciudad de Panamá sino la vemos también desde la perspectiva de la plataforma tecnológica que se instaló en el país desde finales de la década del noventa, y del impacto de la arquitectura postmoderna a través de la incorporación de nuevos materiales, nuevos equipos y nuevas tecnologías de construcción que no solo configuraron y modelaron el espacio urbano, sino que también resultaron novedosas maneras de apreciación estética, nuevas mentalidades y nuevos comportamientos urbanos.
En la década del cuarenta del siglo pasado, el nacimiento de la incipiente industria de la construcción en Panamá hubiera sido imposible sin cambios profundos en innovaciones claves (corriente alterna, equipamientos mecánicos y eléctricos que permitieron la construcción en altura, acondicionadores de aire, nuevos productos químicos en la elaboración del concreto y del vidrio, etc.), industrias de gran escala (automotores, ingeniería eléctrica), transporte (redes de carreteras y movilidad general), y telecomunicaciones (telégrafo, radio, teléfono). Igual ha ocurrido con el desarrollo reciente de la ciudad de Panamá.
Los rascacielos, concebidos para aprovechar el suelo en su totalidad, han sido construidos sobre suelos de altísimos precios. No obstante, las características que estas torres exhiben hoy día no es sólo la consecuencia de un cálculo de beneficios inmobiliarios. En gran medida, éstas han dependido de la nueva concepción posmodernista del diseño urbanístico, y quizás más decididamente de los nuevos materiales e inventos que la han legitimado: hierro colado, acero laminado, hormigón armado, cristal, vidrio plano en grandes dimensiones, bombas hidráulicas, ascensores, abastecimiento de agua por gravedad, entre otros. Adicionalmente, la privilegiada combinación de posición estratégica y acceso a la fibra óptica, desde mediados de la década del noventa, así como el uso de alta tecnología de telecomunicaciones, ha simplificado los procesos de construcción y su consecuente expansión.
No obstante, la ausencia de una planificación urbana, a lo que constantemente hemos aludido, no ha permitido tomar en cuenta, en su debido momento, las previsiones en materia de proyección del alto crecimiento de la población, así como la urgencia de altas inversiones en infraestructuras de transporte y vialidad, suministro de agua, electricidad, conexiones y saneamiento. Esta grave omisión ha contribuido a agudizar el caos metropolitano.
El desarrollo de estos extensos modelos de ocupación del territorio donde no existen más que viviendas, sin provisión de servicios públicos ni accesos a los centros de trabajo, ocio y comercio, conlleva la necesidad de largos traslados basados en el uso del automóvil particular. Replicar este modelo significa que cada vez empujaremos a la gente a vivir más lejos y comprar más autos para movilizarse, creando más congestión.



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